|
|
1) Modelo Psicológico-Psiquiátrico Este modelo sostiene que los padres que maltratan a sus hijos presentan severas alteraciones psiquiátricas tales como esquizofrenia o psicosis maníaco depresiva. Dicha teoría nació asociada a la gravedad que presentaban los casos que se atendían, sin embargo, el concepto se amplío y esta teoría dejó de ser el único factor de explicación. La idea de que el maltrato obedece a patologías de los padres es aún muy difundida en la opinión pública y en los medios de comunicación. Las investigaciones a nivel mundial realizadas con esta hipótesis, han comprobado que entre un 10 a un 15% de los casos, los maltratadores tienen algún tipo de trastorno mental. A pesar de esto, en una gran cantidad de estudios se ha asociado el maltrato a una serie de características de personalidad, que no reflejan una patología, sino un estado de desajuste emocional, con síntomas depresivos, ansiedad, baja autoestima, además de dificultades en la estrategia para enfrentar los problemas. Respecto del alcoholismo y drogadicción, que tradicionalmente se ha asociado a la violencia y al maltrato, no cabe establecer una relación causal entre ingestión de alcohol o drogas, y maltrato. Dichas psicodependencias serían más bien factores precipitantes o desencadenantes, pero no las causas directas de la aparición de un comportamiento violento en una persona o sistema.
Este modelo incluye todas aquellas teorías que se centran en las interacciones del individuo con su familia de origen y con la que luego constituye. Estudios afirman que un número importante de padres que golpean a sus hijos, han sufrido malos tratos y falta de afecto en su niñez. De acuerdo con esto, se establecen cuatro factores asociados al maltrato:
Este modelo enfatiza los factores sociales, económicos y culturales en su relación con el maltrato. Se sostiene que en los sistemas culturales siempre ha existido un conjunto de creencias religiosas o ideológicas que justifican los malos tratos por razones educativas. Dentro de la variable del contexto económico y cultural, es importante mencionar: Ø Factores Sociales: El deseo de pertenecer a una determinada clase social es generador de estrés, lo que implica un riesgo para situaciones de maltrato; al igual que acontecimientos ligados a la cesantía, inestabilidad en el trabajo e insatisfacción laboral, que son causas de tensión y pueden desencadenar la violencia. Ø Factores Culturales: Ciertas creencias validan como modelo de aprendizaje la violencia física. Tal error se debería a la convicción de que en la educación de los niños, el recurso de la fuerza física es legítimo; además de existir el convencimiento de que los niños pertenecen a los padres, teniendo éstos un derecho absoluto sobre ellos y sus destinos. Dichas convicciones estarían avaladas por creencias religiosas, teorías psicológicas o por la llamada tradición.
Las relaciones paterno-filiales se encuentran determinadas no sólo por la actitud de los padres, sino también por algunas características especiales de los hijos, que podrían contribuir a su propio maltrato. Este modelo se basa sus premisas en evidencias obtenidas por estudios que analizaron las relaciones entre algunas características del niño, tales como desventajas físicas o psíquicas, hiperactividad, entre otras, con el maltrato infantil. Las investigaciones más comunes asocian la prematurez y el bajo peso al nacer con la ocurrencia del maltrato; los resultados confirmaron que el llanto de los niños prematuros provoca incomodidad, irritación y enfado en los padres. El proceso por el cual el llanto podría conducir al maltrato físico, se debe a que los niños que lloran incesantemente y que son difíciles de consolar, pueden llegar a generar rechazo de parte de sus padres. Además, el largo período de separación entre la madre y el niño prematuro, durante el período post parto, aumenta la probabilidad de aparición de maltrato, debido a las dificultades en el proceso de apego. Este planteamiento asume que las madres que establecen vínculos afectivos con su hijo desde el nacimiento, serán más sensibles a las señales y necesidades del bebé, siendo más capaces de controlar sus propias tendencias a la irritabilidad y a la agresión. ver diagrama... Los padres que maltratan son percibidos radicalmente diferentes de los padres no abusivos. En la realidad el maltrato infantil se tiende a catalogar culturalmente como una práctica tan inconcebible que ha dado lugar a una dicotomía que separa y define categorías de padres "abusivos o malos" de padres "normales o buenos". De esta forma, las características negativas se atribuyen a todos los padres identificados como abusivos, asumiendo que las características positivas de los padres "buenos o adecuados", se muestran ausentes en los padres que maltratan a sus hijos y son intrínsecas de los padres "normales". A esta dicotomía, le subyace la idea de que la motivación parental para actuar asertiva y positivamente con los hijos corresponde a una ley natural y universal; y los que no poseen esta característica o deseo, deben situarse en la categoría de abusivo o negligente, y pueden ser etiquetados como anormales o desviados. Intentando evitar esta falsa dicotomía entre las prácticas parentales de socialización, existe un modelo continuo de la conducta parental. De esta forma, en un extremo de este continuo, se encontrarían las prácticas más duras y abusivas hacia el niño, y en el otro extremo se encontrarían los métodos que promocionan un buen desarrollo, a todo nivel en los menores. De acuerdo con este modelo, el maltrato puede identificarse como el grado en que los padres utilizan estrategias de control negativas o inapropiadas con sus hijos. Este enfoque evidencia que prácticas habituales de crianza, pueden llegar a constituirse en maltrato severo. Existirían dos dimensiones de un continuo de la conducta parental. En un extremo estarían los padres que muestran su amor y afecto hacia los hijos, expresándolo tanto verbal como físicamente. En el otro extremo se encontrarían los padres que sienten aversión, desaprueban o se sienten agraviados por sus hijos. Este rechazo parental se define conceptualmente como la ausencia o retirada significativa de afecto, comprensión y amor de los padres hacia sus hijos y puede tomar tres formas: hostilidad y agresión, indiferencia y negligencia, y rechazo indiferenciado. El efecto que puede llegar a tener este rechazo en los niños se relaciona con problemas en los sentimientos de autoestima y de autoadecuación en los menores, con inestabilidad emocional y con una visión negativa, amenazante y poco segura del mundo. ver diagrama...
a) Padres con Autoridad Democrática: Estos ejercen un firme control cuando es necesario, explicando a sus hijos su posición y animándolos a expresar sus sentimientos y pensamientos. Se encontró que estos padres se sienten seguros de su capacidad para guiar a sus hijos, mientras respetan los intereses, opiniones y personalidad única de los mismos. Combinan el control, con apoyo y amor. Estos niños serían más asertivos, curiosos y satisfechos, con más confianza en sí mismo y autocontrol. b) Padres Autoritarios: Estos padres valoran sobre todo, la obediencia incuestionable y castigan a sus hijos física y emocionalmente si no se cumple con esta regla. Son padres fríos controladores y distantes. Los menores que se han relacionado con este tipo de padres presentarían, actitud de recelo, descontento e introversión. c) Padres Permisivos, Rechazantes y Negligentes: Estos padres establecen pocas reglas y límites, el grado de exigencia impuesta hacia sus hijos es mínimo, y les permiten a estos hacer lo que quieran y cuando quieran. Son padres indiferentes y ausentes. Los hijos de este tipo de padres, presentarían baja confianza en sí mismos, con muy poca tolerancia a la frustración, mínima capacidad de autocontrol y poca curiosidad. Respecto de los Estilos de Disciplina al Interior de la Familia, se identifican tres dimensiones principales: a) Disciplina Inductiva o de Apoyo: En el ejercicio de hacer cumplir este estilo disciplinario los padres no pierden de vista el mantener relaciones afectuosas con sus hijos, el razonamiento para llegar a acuerdos con estos y las recompensas. El estilo inductivo o de apoyo se considera como el método más efectivo en términos de desarrollo psicosocial y la reducción de conflictos entre padres e hijos. Este estilo de educación posibilita que los niños se desarrollen con mayor capacidad de autocontrol, y mejor estabilidad psicosocial para su interacción con el medio. b) Disciplina Coercitiva: En este estilo disciplinario los padres utilizan la coerción física, la amenaza verbal y las privaciones dirigida hacia los menores para mantener la disciplina al interior de la familia. Este estilo puede desencadenar reacciones padre–hijo problemáticas, con repercusiones en el desarrollo normal del niño c) Disciplina Indiferente o Negligente: En el ejercicio de este estilo disciplinario, los padres se demuestran más bien indiferentes, permisivos y pasivos, respecto de la relación con sus hijos. Al igual que el estilo anterior, puede llegar a generar pautas de relación padre–hijo problemáticas, afectando al desarrollo sano del niño. Estos dos últimos estilos, uno por opresión y otro por indulgencia, no permiten que el niño adquiera el conocimiento real de las normas y exigencias del mundo exterior, lo cual le impide adaptarse, independizarse e interactuar de forma adecuada con el medio El maltrato físico y la negligencia son los extremos más severos de los estilos coercitivos e indiferentes Los distintos modelos señalados nos explican parcialmente los factores etiológicos en relación con el maltrato infantil. Para tener una comprensión global del problema, es necesario ubicarse en una perspectiva integradora, en la que se asuma que el maltrato es la expresión de un proceso de distorsiones en la interacción familiar y no el resultado de una conducta aislada de uno de sus miembros. Es decir, es la expresión de una disfunción en el sistema que involucra a padres, niño, ambiente y cultura.
|